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Tiene casi 40 años y tres hijos, en Cuba trabajó catalogando libros en la Biblioteca Nacional, mientras que en Sevilla, adonde llegó en busca del trabajo, la dignidad y la libertad que la Revolución le negaba, vende libros en la calle y los jueves en el Jueves
Orlando Rivera, librero ambulante: «Si no me dejan volver a Cuba me hacen un favor»
PEPE ORTEGA
Actualizado Domingo , 29-11-09 a las 08 : 24
—¿Cómo salió de Cuba?
—Se concatenaron varias circunstancias, el librero Abelardo Linares puso una oferta de empleo y el papeleo me lo pagaron las monjitas de las Hijas de la Caridad de San Vicente Paúl.
—¿O sea, que es un buen chico?
—Bueno, es que mi tía era la superiora de la casa de allí.
—¿De qué trabajaba en Cuba?
—Era profesor de Historia en la Escuela Nacional de Arte; en la Biblioteca Nacional catalogaba y clasificaba libros...
—¿Y se está mejor aquí vendiendo libros en la calle que allí catalogándolos en la Biblioteca Nacional?
—Notablemente mejor aquí que allí con un salario bueno, no digamos con el mío, que era modesto, equivalente a unos siete euros mensuales.
—Entonces es cierta la definición del socialismo cubano según la cual el Estado hace como que paga y los cubanos hacen como que trabajan...
—Exactamente. Eso ha derivado en una gran anarquía. La sociedad cubana tiene dos grandes problemas, uno que no hay trabajo productivo y otro que el trabajador no recibe ganancia suficiente para llevar una vida modesta. La mayoría de la gente en Cuba está por debajo de los niveles de pobreza.
—¿Peor que antes de la Revolución?
—Desde luego, el nivel de vida hoy es peor que antes de la Revolución. Cuando Fidel Castro llegó al poder, Cuba era el tercer país de toda América Latina, el peso estaba a la par que el dólar, y el salario medio en La Habana era de cien a ciento cincuenta dólares mensuales de aquella época. En el año 1954 el peso llegó a estar 25 centavos por encima del dólar.
—Diciendo estas cosas puede que no le dejen volver a la isla...
—Si no me dejan volver a Cuba me hacen un favor... Aquí puedo opinar... Si el Gobierno cubano me prohíbe visitar a mi familia demostraría ser el gran negador de la nación cubana. Ha negado derechos y deberes a todos, da tristeza ver que el pueblo cubano vive en una indignidad y una pobreza inmerecida.
—¿No regresará ni aunque caiga Fidel?
—Ni aunque caiga Fidel, que ya ha caído. Ya tengo una edad y el cambio va a ser duro y difícil. Aquí estoy integrado, ya soy un español caribeño y tengo aquí a mis hijos.
—¿Qué le parece que el Gobierno español sea más amigo del Gobierno cubano que de la disidencia?
—La disidencia cubana todavía no ha demostrado nada, y el Gobierno español no tiene por qué hipotecarse a ella.
—¿A qué edad se dio cuenta de que la Revolución era un camelo?
—Desde el año 80, cuando se dio el gran éxodo del Mariel. Vi escenas tristes de agresiones, insultos y vejaciones a los cubanos que se marchaban. Me di cuenta de que la Revolución no era de los cubanos. Yo tenía sólo nueve años, pero no lo olvidaré.
—¿Cómo le fue allí en la Universidad?
—Estudiando no me fue mal. Los estudios allí son de alto nivel, aunque no lo sean los salarios.
—¿Qué es lo más difícil de sobrellevar en España?
—La conciencia de que eres un desterrado y de que no te queda más remedio que adaptarte sean cuales sean las circunstancias.
—Creo que sus dos esposas han sido cubanas, ¿es que les ve algo malo a las españolas?
—No. Las españolas también están muy buenas (risas). Pero, al haber sido cubanas, ellas también han podido disfrutar del bienestar y de la dignidad por estar aquí.
—¿Por qué vende libros en vez de otra cosa?
—Porque algo de libros sé y algo puedo aportar. Thoreau dijo que el hombre debe de trabajar en algo que le guste y le estimule. Me satisface el contacto con los libros y con los lectores. Y he recibido grandes muestras de solidaridad por parte de los sevillanos; hay personas mayores que se presentan con el carrito de la compra lleno de libros y me los traen y me los regalan para que pueda seguir vendiendo.
—¿Quiénes son sus clientes?
—Las personas mayores me compran más que los estudiantes universitarios.
—¿Más que los universitarios?
—A los universitarios parece que le interesan los libros bastante poco.
—¿Le encargan sus clientes que les busque libros?
—Sí, cosas muy particulares, por ejemplo «La montaña mágica». Me piden que les consiga cosas y generalmente se las consigo. Una señora está haciendo conmigo la colección entera de RTVA-Salvat.
—¿En qué otras cosas se ha ocupado?
—He hecho de todo. Empecé trabajando en una librería, luego fui vendedor del Círculo de Lectores, trabajé de albañil, de pintor, de camarero, de cocinero, guarda de seguridad... en un montón de cosas
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