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Actualizado Jueves , 28-01-10 a las 07 : 06
Gracias a Dios, para muchos sevillanos, la tragedia recurrente de Haití es un tema prioritario. Lo es para asociaciones de vecinos, cofradías, músicos y también para los bomberos que no pudieron ir hasta la isla antillana porque el Ayuntamiento no lo estimaba prioritario. Recuerden la barbaridad de la portavoz municipal empeñada en destacar más sus airosos lacados de Llongueras que ser sincera alguna vez con la prensa. Para justificar la ausencia de bomberos sevillanos a los periodistas sostuvo, sin que un bucle de su montañoso peinado se le pusiera melancólico, que Haití no es un tema prioritario para nuestro Ayuntamiento. Y que por eso no iban nuestros bomberos más especializados al rescate de vidas. No va a ser fácil olvidar esa frase. Frase escogida para el muro de la vergüenza de los que se autodenominan más progresistas que nadie y más solidarios que el día de la banderita.
Margarita Asuar es delegada en Sevilla de Manos Unidas. Y entre sus grandísimas virtudes figura la de dar prioridad a cualquier tipo de necesidad, carencia, parvedad y escasez que multiplica el sufrimiento de los más olvidados. Tiene presente que vivimos en la parte del mundo donde se tira a la basura lo que en otras partes serviría para dejar satisfecho a un niño o a un anciano. Y a partir de ahí se mueve su conciencia de buscar, rebuscar, imaginar, pensar y, posteriormente, dar. Dar con las manos unidas de todos los que te las tienden solicitando algo de lo que nos sobra. Sé que Margarita buscaba este pasado verano unos euros para redondear la cuenta que hiciera posible la ubicación de una planta potabilizadora en algún rincón perdido de la selva africana. Y sé también que lo de Haití no la iba a dejar con las manos cruzadas y que, movida por la fe que tiene en la gente de buena voluntad, ha empezado a funcionar para que mañana y pasado nos pongamos en acción.
¿Qué va a hacer Manos Unidas por Haití? ¿A qué clase de rebato llama Margarita Asuar a los sevillanos? Muy sencillo. Nos llama porque en Haití nos necesitan. Realmente estaban ya muy necesitados antes de que la isla temblara como un flan en una bici por un empedrado. Lo que fue un hermoso jardín tropical hoy es una isla deforestada; los índices de alfabetización de la isla son tan brutales o más que los de una sociedad esclavista; de la Sanidad mejor no hablamos y de los distintos gobiernos negros que saludaron a la libertad para esclavizar más aún a los descendientes de los esclavos alzados contra el dominio francés, de eso mejor no decir una palabra. Porque por cada palabra que digamos nos brotaría una lágrima de rabia, impotencia y frustración. La merienda de negros que los Duvalier prepararon en la isla para los suyos y sus militares más adictos forma parte del paisaje de una historia tan convulsa como sangrienta. A la que las creencias afrohaitianas de tintes macabros y muertos en vida le ponen el broche de la superchería, tan recurrente en este modelo de convivencia machetera.
Así estaba el patio antes de que la tierra se llevara por delante a más de ciento cincuenta mil personas que, como en las epidemias medievales de la peste, están siendo enterradas en fosas comunes, en carneros como los que abrieron las entrañas de Sevilla en 1648. Si Haití era un mendigo antes del terremoto ¿qué puede ser ahora? Sobre todo, Maribel Montaño, un tema prioritario. Que Manos Unidas va a apoyar con la buena voluntad de los sevillanos que mañana y pasado se paseen por el colegio de Santa Ana en Los Remedios. Donde 24 horas seguidas serán entregadas a la esperanza de la isla. Y habrá murales solidarios, lecturas poéticas haitianas, rap de la isla, conciertos de piano y un perfomance muy de lo nuestro, con Los Escarabajos, Otto Music Band y Silver Barber rescatando la música de un tiempo donde creíamos firmemente que lo que el mundo necesita es amor… Pásate y dale la mano a Haití.
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