Como consecuencia de los desajustes que se han producido en España en los tres últimos años, en estos momentos son muchas las incógnitas que planean sobre el panorama económico y social del país. Los responsables de la política económica, presionados por la situación interna, por las opiniones de los organismos internacionales y, especialmente, de nuestros socios europeos, ante el temor de las posibles consecuencias derivadas de un empeoramiento, en un intento de controlar la coyuntura, se esmeran en encontrar fórmulas que resuelvan los problemas actuales o, al menos, los amortigüen.
El reciente Acuerdo Social y Económico firmado entre Gobierno, sindicatos y patronal lo podemos valorar como positivo y útil. Ha sido una muestra de la necesidad de transmitir el mensaje de que no sólo somos conscientes de que es necesario actuar con urgencia para generar un mejor clima de confianza, sino de que estamos llegando a acuerdos sobre aspectos claves.
Además del problema central, que giraba sobre el futuro de las pensiones, en el Acuerdo se han incluido cuestiones como la política industrial y energética, la función pública, o la reforma de la negociación colectiva, como caminos paralelos que hay que emprender para superar la actual situación económica.
En el apartado IV del Acuerdo, centrado en la Política Industrial, Política Energética y Política de Innovación, y dentro del capítulo de Economía Industrial (puntos 12 y 13), se incluyen propuestas que permitan la proyección internacional de la economía española fomentando la aplicación de regulaciones y estándares de la Unión Europea en terceros países y facilitando el acceso al mercado de contratación pública en el exterior.
Nos parece muy oportuna esa breve referencia a la importancia que el sector exterior debe tener en el paquete de medidas para la recuperación. Considerando que se deben mejorar los instrumentos de acompañamiento a las empresas en sus planes de apertura a mercados de otros países.
Se trata de una parcela de nuestra economía sobre la que algunos venimos reclamando más atención y acción, insistiendo en su importancia y en la necesidad de darle un enfoque más ajustado a la realidad de España.
El sector exterior influye en el crecimiento económico, contribuyendo en el aumento o disminución del PIB, con destacados efectos muy directos sobre el tejido económico y empresarial.
Desde la creación del Mercado Único Europeo, en el que desaparecen las barreras al comercio con nuestros socios europeos, la apertura de la economía hacia esos mercados ha sido insuficiente. Hemos estado demasiado distraídos por una demanda interna más ajustada a la dimensión y aspiraciones de muchas de nuestras pequeñas y medianas empresas.
En segundo lugar, no hemos terminado de darnos cuenta de que nuestra incorporación a la zona euro, impide que los elevados déficits externos que padecemos puedan ser aliviados con devaluaciones, como ocurría en épocas anteriores.
Asimismo, la mayor conexión entre mercados y la aparición de nuevos países emergentes, han sido revulsivos suficientes para solucionar el incremento de la competencia en muchos de los productos en los que centrábamos gran parte de nuestras exportaciones.
Finalmente, la gran concentración en determinados productos y áreas de destino es, en estos momentos, otra de las mayores debilidades de las exportaciones españolas.
Para romper ese círculo, las empresas, especialmente las pequeñas y medianas, no deberían dejar pasar más tiempo sin plantearse estrategias vinculadas a mercados externos, apoyándose en más formación, mejoras en la comercialización, el incremento de la competitividad y más innovación en sus productos.
Del lado de las importaciones, entre las grandes partidas destaca la factura energética (con un peso alrededor del 40 por ciento), causante en gran medida del grave déficit exterior, cuya mejora debería estar coordinada con una política energética meditada que reduzca nuestra dependencia en todos los frentes posibles de actuación.
El importante acuerdo en el reciente Consejo Europeo de concretar un Mercado Único de la Energía en 2014, empañado por otros temas tratados de más actualidad, debe ser un referente obligado de cara a las medidas futuras en este campo.
Por último, en la venta de servicios al exterior, bastante olvidada, debería estar más en consonancia con la demanda internacional, especialmente en servicios avanzados o intensivos en conocimientos.
Ya para terminar, no podemos olvidar la importancia que tienen las contrataciones internacionales con Organismos económicos. En la actualidad, el Fondo para la Internacionalización de la Empresa (FIEM) ha sustituido y ampliado las funciones del Fondo de Ayuda al Desarrollo (FAD) y está orientado a la promoción de la internacionalización de la empresa española, incluyendo el apoyo en licitaciones internacionales.


